lunes, 15 de mayo de 2017

Entrega de premios del Concurso Literario 2017

Concurso literario 2017


Por sorprendente que pueda parecer, uno de los textos escritos más antiguos que se conservan es el lamento de un poeta sumerio que se queja de lo difícil que es, en su tiempo, encontrar temas nuevos para un poema, puesto que todo, según él, está ya dicho y no hay nada nuevo bajo el sol. La tablilla en que este melancólico mensaje está escrito tiene más de tres mil años.
Sin embargo, los seres humanos han seguido escribiendo durante milenios bajo ese mismo sol que alumbra las mismas cosas.
Es cierto, probablemente, que los temas siguen siendo los mismos: las emociones que  provoca la belleza, el amor, el desamor, el dolor que nos devora y no conseguimos acabar de explicar, el mal que no comprendemos... Todo eso forma parte de la condición humana, de lo que nos hace uno con los otros. Sin embargo, cada mirada hacia el sol que nace, cada vibración que provoca en el ánimo la visión de una flor cuyo perfume nos llegó ayer y hoy vemos consumida por la helada es única, insustituible. Y encontrar la palabra justa que la exprese es una tarea delicada, una labor de artesanía que, cuando consigue su efecto, cristaliza ese momento para siempre y permite que esa experiencia individual e intransferible sea comprendida y compartida.

El discurso tiende inexorablemente a la inexactitud y, a veces, se acerca peligrosamente a la mentira. La labor de quien escribe, de quien escribe literatura sobre todo, es apartar el lenguaje de esos usos falsarios para encontrar algo auténtico; algo que refleje lo que todos somos, pero también lo que uno es en un momento. Algo que se parezca a la verdad. A las pequeñas verdades cuestionables y cambiantes que la razón y la sensibilidad humana pueden alcanzar en un universo cuyas coordenadas desconocen.
Frente a otras vías para fijar nuestro saber, frente a otras maneras de intentar conocer el mundo, la literatura, humilde y contingente, recoge  y refleja lo que vemos, pero también lo que imaginamos, lo que tememos o esperamos, lo que duele y lo que calma el ánimo. Nos refleja cuando tenemos razón y cuando estamos fatalmente equivocados. Y cuando buscamos desesperadamente el norte. Es el mayor registro de lo que hemos sido y de lo que hemos deseado ser. A veces resulta complejo sondear la vertiginosa profundidad de sus mensajes. Pero la experiencia de intentarlo siempre nos hará más sabios.


Gracias a todos por seguir, miles de años después, intentando hacernos comprender con vuestras palabras toda la belleza y la miseria del mundo.

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